Para complementar la anterior, deliciosamente contada por Versan, entrada sobre el tranvía de Huelin, aquel entrañable y "nada" AVE que nos llevaba a la Misericordia en nuestros adolescentes días de playa y risas, quisiera añadir este apunte sobre la historia del tranvía de nuestro barrio y que he encontrado en la red. Forma parte de un relato sobre los barrios de Málaga:
RECUERDO AL TRANVÍA.- El barrio de Huelin fue uno de los primeros en gozar del servicio tranviario, según la crónica de su historia disponible. Era el primitivo tranvía que, tirado por mulas, hizo el servicio entre la Estación de Andaluces y la Alameda Principal, y viceversa, pero a poco de entrar en servicio se autorizó el recorrido Estación-Huelin, dada la demanda de obreros que tenían que ir y venir a las numerosas fábricas de su territorio. El primer servicio quedó inaugurado en 1903 y se mantuvo hasta 1906, fecha en que entraron en vigor las normas relativas al funcionamiento del tranvía de tracción eléctrica. Con el tiempo se fueron perfeccionando sus recorridos hasta llegar a las mismas puertas de la Misericordia. Ya en los años 40 de este siglo el recorrido se amplió de manera notable al establecerse su parada origen en la plaza de la Merced hasta el final del Camino de la Misericordia. El precio del billete único en dicho año era de 15 céntimos, y atendiendo a la singularidad de la clase trabajadora que lo usaba se estableció un billete especial de ida y vuelta de 25 céntimos. Olvidar el tranvía que iba y venía del barrio al centro de la urbe, atravesando el puente de la Alameda, bajando por Cuarteles y transitando por la calle Ayala hasta el final de La Hoz, recogiendo y dejando en su recorrido a usuarios vecinos de la zona, sería pecado de omisión que con toda seguridad quienes los usaron largamente no llegarían a perdonar. No se pretende con lo dicho restar protagonismo a otros medios de transporte que se dieron de manera paralela al tranvía, pero se podría afirmar que el tranvía llegó a constituir un elemento familiar muy próximo al vecindario, tan moroso en su caminar y por ello de distendido y conversador viaje, que resulta imprescindible referirlo porque formó parte de un estilo de vida, de una cultura ciudadana, que ha dejado huella imborrable no sólo en la historia del barrio de Huelin, sino en la de la propia Málaga. El tranvía fue, a veces, sala de tertulia, reunión de amigos que hablaban de sus cosas, cenáculo para la menuda intriga contra disposiciones inquisitoriales o reunión donde afloraba la ironía, circulaba el chiste político o se generalizaba el pitorreo. En días de verano, especialmente domingos, festivos o conmemoraciones de la época, los racimos de familias playeras eran inevitables y, especialmente, a partir de la prolongación de la línea desde el final de calle La Hoz hasta las mismas puertas de la Misericordia, el uso del tranvía resultaba espectacular. Las playas del mismo nombre eran las que frecuentaban mayor número de gente de cualquier punto de Málaga. En dichos días, los usuarios del tranvía iban pertrechados de sus viandas, además de cañas y sábanas para instalar en la playa sus particulares toldillas protectoras del sol. Se llegaba a la playa con la morenez natural de quien no la frecuentaba a diario; se regresaba con la dermis enrojecida y un penetrante olor a «pipirrana», a causa de haber usado la mayoría de los bañistas un protector solar casero hecho a base de aceite de oliva y vinagre, que decían era muy bueno contra los rayos ultravioletas.
domingo, 27 de mayo de 2007
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