El título de la entrada no se refiere a ningún objeto mágico. Sólo se trata de la piedra del espigón de la Térmica donde pasábamos muchas mañanas de los veranos. Aquí solíamos coger el llamado pulpo de la 1. Bueno, no yo precisamente, que era muy malo y no los veía, sino los otros componentes de la panda: El Súa y el Patas, por ese orden de eficacia. También el Meli solía coger los suyos y se los ponía sobre el brazo y el pecho para que los tentáculos le saltaran un poco la sangre y aparecer ante las niñas como un "héroe".
Como todo, el espigón ha cambiado su fisonomía. Ahora llegan hasta allí los coches y con ellos la "canalla" que lo deja hecho un basurero.
Esta era la perspectiva que teníamos de la playa desde el espigón, pero sin los bloques de viviendas del fondo, que no existían. Había una pequeña caseta que siempre estaba cerrada y a la que no recuerdo si tenían acceso Manolito Blas, Manuel Carlos y sus hermanas, Esther, Nuria, Pastora y no recuerdo si había alguna más. Junto a ellas nos sentábamos y el Meli organizaba los cantos del "coro ruso" de cuyos apodos ha perdurado el de Nikita, adjudicado a Carlos de Mesa.
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